Entre pueblos blancos, calles empinadas, silencio, murmullo de fuentes.
Entre un cielo azul y una tierra fértil, existe un lugar trabajado por el hombre, un lugar lleno de historia, de gentes sencillas y de gran belleza.
En la Serranía de Ronda, entre montañas, existe un valle surcado por el Genal, un río que baña con primoroso cariño las tierras que surca, y es aquí donde la mano del hombre moldeó la tierra y cultivó castaños, nogales y madroños, olivos, encinas y alcornoques.
Y por extraño que nos pueda parecer hoy en día, el hombre de antaño, paciente y observador, consiguió ensalzar aún más la belleza de estas tierras abruptas y rodeadas de sierras calizas, de vientos fríos y de inviernos blancos.
Y tu viajero, si algunas vez vas por estas tierras en tu peregrinar otoñal, no dejes de visitar el lugar y contemplar en mudo silencio el millar de colores que por valles y laderas se extiende.
Los Castaños del Valle del Genal, en la Serranía de Ronda, Málaga; es un lugar que merece ser visitado en la estación de otoño, cuando el castaño comienza a amarillear y se entremezcla con el verde de los olivos, encinas y madroños.
Los pueblos salpican las altas laderas de las montañas como meros observadores de las tierras que os separan.
Y aunque no recordemos los nombres, Cartajima, Parauta, Igualeja, Júzcar y otros más, si que recordaremos el sonido de nuestras pisadas por entre las hojarasca, el dorado de los castaños, el rojo intenso del madroño maduro, la oscura corteza de los alcornoques.
El bosque en otoño.
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